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Compendio del Catecismo. 001 – Ciencia y Fe.

Programa ‘Compendio del Catecismo’ de Radio María España, dirigido por el padre José Miguel Marqués.

Emisión del día 3 de enero de 2008.

Haga “click” en el siguiente enlace para escuchar el programa. 

 

Comepndio del Catecismo. 001 – Ciencia y Fe

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En este programa se tratan los puntos 29 y 30 del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.

29. ¿Por qué afirmamos que no hay contradicción entre la fe y la ciencia?

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Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al hombre tanto la luz de la razón como la fe.

«Cree para comprender y comprende para creer» (San Agustín)

CREEMOS

30. ¿Por qué la fe es un acto personal y al mismo tiempo eclesial?

166-169
181

La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la expresión «creemos», porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.

«Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»
(San Cipriano)

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El progreso negativo: la ciencia sin conciencia.

"El hombre lamentará los avances negativos de la ciencia"

Mensaje de la Santísima Virgen a Luz de María del día 12 de febrero de 2011

 

"La humanidad camina para el abismo de la destrucción que los hombres hicieron con sus propias manos. La tierra pasará por grandes transformaciones y muchos lugares dejarán de existir"

Mensaje de la Santísima Virgen a Pedro Regis del día 10 de mayo de 2010

 


EL PROGRESO NEGATIVO : LA CIENCIA SIN CONCIENCIA

Cuando se habla de progreso, esta palabra generalmente es interpretada como algo constructivo. Sin embargo no siempre es así. A veces el progreso puede tener un sentido totalmente opuesto, y esto es quizás lo que le está sucediendo a la humanidad con el progreso material exento de otro orden de valores.

Cuando al hombre se le prohibió comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis cap.2 vers.17), quizás estaba implícito en este mandamiento la condición de una madurez moral y espiritual superior que permitiera dar al conocimiento un sentido adecuado a los propósitos Divinos. No ocurrió así, y en consecuencia, impulsado por la ambición, el conocimiento llegó al hombre prematuramente, antes que la madurez requerida para usarlo sin riesgos, convirtiéndose a causa de ello en un poderoso factor de decadencia.

Hace algún tiempo 91 sabios y científicos estadounidenses, entre ellos según la información varios premios Nobel, se pusieron de acuerdo para llamar la atención de la humanidad sobre los graves peligros que la amenazan generados por la civilización, advirtiendo que si no se revertía rápidamente el proceso, la vida sobre el planeta estaría seriamente amenazada. Fue un llamado dramático que no obstante pocos parecen estar dispuestos a escuchar.

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Esta voz de alerta dada por quienes tienen mayor posibilidad de ser atendidos en este aspecto, ha venido siendo formulada desde hace mucho tiempo por quienes, entre los cuales me encuentro, hemos venido observando el deterioro que a instancias de los intereses inmediatos, se ha venido causando al ecosistema. Ahora sólo cabe esperar que la palabra autorizada y atendible no llegue demasiado tarde, cuando el mal sea irreversible, y tenga la debida recepción y acatamiento por quienes tienen en sus manos el timón del barco, aunque cabe preguntar: ¿qué o quién, que no sea un poder superior, puede detener a estas alturas de los acontecimientos la monstruosa maquinaria que es la civilización materialista, la cual, en esencia, no deja de ser una barbarie tecnificada? ¿Quién está dispuesto a renunciar a los intereses creados aún a sabiendas de que al no hacerlo está labrando su propia destrucción? Por otra parte, un cambio de sentido implicaría la necesidad de modificar las cuatro o cinco características constantes del ser humano que han determinado su accionar y que, aún cuando varíen los elementos de que se sirven, provistos precisamente por el conocimiento técnico y científico, son las que han determinado el sentido de este proceso.

Ya en el siglo pasado Federico Nietzche, apelando a una extraordinaria síntesis, planteó el siguiente contrasentido. Dijo:

[…] “pero al hombre no le es dado ser cangrejo, es necesario que avance en la decadencia”.

Los admiradores de la actual civilización se niegan a aceptar esta realidad. Tienen la convicción de que el hombre es la medida de todas las cosas y que todo lo que hace está bien. No aceptan otros parámetros que pondrían en evidencia los errores y desaciertos. Tienen concentrada la mirada en los bienes materiales y las maravillas de la técnica y a causa de ello están ciegos para la Luz que pone de manifiesto la finalidad de la vida y delatan los peligros que en la actualidad acechan a la humanidad.

En el caso de que, tomada conciencia colectiva del peligro a que el propio accionar humano nos ha enfrentado y si se decidiera retroceder en el proceso, unos de los escollos más difíciles de sortear sería quizás la dependencia de los sistemas implementados a que ha sido sometido el hombre, los cuales, por otra parte, cada vez lo alejan más del orden superior de la vida y el universo. Es necesario tener en cuenta que el proceso material en que estamos inmersos no está al servicio de los intereses superiores de la humanidad sino que es una consecuencia de determinados intereses los cuales no tienen para nada en cuenta las consecuencias que pueden generar en aspectos más profundos y vitales de la existencia.

Un ejemplo de ello son las consecuencias nefastas que puede tener a determinado plazo la proliferación de los generadores atómicos de energía y los desechos radioactivos que los mismos producen.

Tampoco, como consecuencia de su aplicación especulativa, nuestros conocimientos han seguido el mejor camino: se sabe mucho de lo material pero se ignora o se desestima en gran medida lo espiritual siendo que en este campo hay potencias muy superiores a las físicas; se conocen los más grandes secretos del cuerpo pero se desconoce lo más elemental del alma: se da más valor a los medios que a las finalidades y se confunden los primeros con los objetivos. De este modo se ha conformado una civilización falsa y lo peor es que parece no advertirse. Partimos de una premisa falsa y a través de un desarrollo lógico inexorablemente -a causa de ello- llegaremos a un desenlace erróneo. ¿Será el significado de la manzana del paraíso? El hombre se dejó tentar y la mordió, y una vez que lo hizo no pudo evitar comerla. Si es así, junto con la manzana el hombre se está devorando a sí mismo. Pese a ello debemos mantener encendida la fe en la promesa bíblica del triunfo de la verdad sobre el error.

E. A. P.

Revelaciones Marianas

 
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Publicado por en 14 marzo, 2011 en Misceláneo

 

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